Una investigación del Instituto de Investigación Biomédica (IRB) de Barcelona, difundida en EMBO Reports, concluyó que los tumores con inestabilidad cromosómica no avanzan solo por sus alteraciones internas, sino también porque lesionan el tejido sano que los rodea, frenan la reproducción de células vecinas y acaban induciendo su muerte para crecer.
El estudio, hecho en la mosca de la fruta, identificó una vía de interacción entre el tumor y su entorno que no había sido descrita hasta ahora. De acuerdo con el trabajo, estas alteraciones conducen a las células a un estado de senescencia en el que dejan de dividirse, pero permanecen activas y emiten señales de alarma crónicas que impactan de forma destructiva los tejidos colindantes.
El equipo indicó que moléculas como ImpL2 y Dilp8 frenan la proliferación de células sanas vecinas, mientras que Upd1, Upd3 y Eiger intervienen en la muerte celular del tejido cercano. Para los investigadores, este mecanismo podría abrir la puerta a nuevas terapias dirigidas contra las células tumorales senescentes, en un campo donde el reto sigue siendo frenar el daño al tejido sano y exigir resultados verificables en tratamientos más eficaces.
