La guerra entre Estados Unidos e Irán llega a su cuarto mes con miles de muertes, destrucciones masivas y una subida sostenida de los precios de los principales hidrocarburos, sobre todo la gasolina y el gas. Más allá del costo humano, el conflicto ha trastocado y desestabilizado la economía mundial en un escenario en el que ya se percibe agotamiento por la duración de la confrontación.
En varias ocasiones, el liderazgo mundial ha tratado la crisis. Donald Trump, Xi Jinping y, más recientemente, Vladimir Putin han discutido el tema en distintos encuentros, mientras China y Rusia, con intereses comunes y estratégicos en Irán, han respaldado al régimen iraní e intentado mediar ante la Casa Blanca para que termine el impasse. La cumbre de finales de mayo entre Trump y Xi en Asia volvió a situar la guerra entre los principales asuntos de la agenda bilateral, junto con comercio, tecnología, cooperación y geopolítica.
Aunque esas gestiones se han sucedido, el conflicto permanece abierto y el costo sigue aumentando. La cadena de reuniones de alto nivel contrasta con una realidad marcada por más destrucción, mayor presión sobre los precios energéticos y una economía internacional sometida a tensión, lo que refuerza la necesidad de mantener la vigilancia sobre decisiones de poder que todavía no se han traducido en una salida efectiva a la crisis.
