Irán lanzó en la madrugada de este jueves dos oleadas de ataques con drones y artillería contra al menos tres bases militares con presencia de Estados Unidos en Kuwait, Bahréin y Jordania, en una acción que Teherán presentó como represalia por “agresiones recientes” del ejército estadounidense en el sur del país persa. Según un comunicado de la Guardia Revolucionaria Islámica citado por la agencia Tasnin, fueron destruidos 18 objetivos de alto valor militar en las bases aéreas de Ali Salem y Ahmad al-Jaber, así como en la base de Sheikh Issa.
En paralelo, el Ejército iraní afirmó haber atacado instalaciones de la Quinta Flota de EE. UU. en Bahréin con “diversos tipos de drones destructivos”, entre ellos antenas de comunicación y sistemas de radar del escudo antiaéreo Patriot. El gobierno iraní justificó la ofensiva como respuesta a una supuesta violación del alto el fuego por parte de Washington y a una incursión previa contra unidades y puestos de avanzada de la CGRI, el comando policial y el área del aeropuerto de Bandar Abbas.
Por ahora, el Pentágono no ha emitido una declaración oficial que confirme víctimas o daños materiales, un vacío que mantiene bajo escrutinio la dimensión real del ataque en medio de una tensión que, según fuentes de inteligencia regional citadas por medios internacionales, eleva drásticamente el riesgo de una escalada militar abierta en Oriente Medio. La falta de confirmación independiente sobre el impacto de la ofensiva deja el foco puesto en la necesidad de vigilancia sobre la evolución del conflicto y sus consecuencias inmediatas para la seguridad regional.
