La figura de Wifredo García es presentada como la de un artista que convirtió la geografía nacional, los rostros y lo cotidiano en una memoria visual de amplio alcance. Su trabajo, descrito como un catálogo de paisajes, formas, personas, cuevas, rocas, ríos y flora, deja ver no solo una sensibilidad estética, sino también un registro persistente de aquello que forma parte de la identidad dominicana y que exige atención pública más allá del elogio cultural.
El texto subraya que García fotografiaba para no dejar escapar la imagen en el latir de lo cotidiano y que, a través de su lente y sus escritos, articuló una complejidad de intereses y posturas. Esa dimensión de denuncia y de búsqueda de una verdad interior, atribuida a su obra, refuerza una lectura de vigilancia sobre la realidad: no se trata solo de formas para galerías o museos, sino de una mirada que obliga a revisar cuánto se protege, documenta y valora lo que pertenece a la memoria colectiva.
Cuando su obra es evocada como afirmación del presente y retención de memorias en la luz y las formas, también queda planteado un contraste entre el valor del patrimonio que artistas como García ayudaron a fijar y la necesidad de que esa herencia no quede reducida a contemplación. Su legado, según el texto, trasciende lo artístico y vuelve pertinente la exigencia de mayor resguardo y seguimiento sobre los bienes culturales y naturales que retrató a lo largo del país.
