La inauguración de la retrospectiva “El sueño de la memoria” en el Museo de Arte Moderno no solo reúne más de 60 obras de Jorge Noceda Sánchez (1925-1987), sino que también expone una realidad incómoda para la gestión cultural: la restitución del lugar de uno de los grandes exponentes del surrealismo dominicano llega impulsada, sobre todo, por el trabajo persistente de coleccionistas y gestores, en vez de presentarse como resultado de una política pública claramente sostenida.
La muestra fue organizada por Fernando Báez Guerrero y Nancy Tavárez de Báez, con soportes del Ministerio de Cultura, la Dirección General de Museos y el Museo de Arte Moderno. La coordinación recae en Mildred Canahuate, la curaduría en Amable López Meléndez y el diseño museográfico en Luís Tejada. Según se informó, el núcleo central de la exposición proviene de la colección de la familia Báez-Tavárez, que durante más de dos décadas ha adquirido y repatriado obras de Noceda Sánchez a través de casas de subastas internacionales, mientras otras 18 piezas llegaron desde colecciones privadas e institucionales.
Ese dato marca el contraste central de la exposición: mientras el discurso oficial acompaña la apertura en un espacio estatal, el esfuerzo de revalorización y recuperación de la obra ha descansado en gran medida en iniciativas privadas. La retrospectiva, abierta de martes a domingo de 10:00 de la mañana a 6:00 de la tarde hasta el domingo 9 de agosto de 2026, termina así convertida también en una señal de alerta sobre cuánto depende todavía la preservación de la memoria artística dominicana de voluntades particulares y no de una estrategia institucional visible y permanente.
