La Fundación Juan Bosch realizó un coloquio en el que volvió sobre las elecciones de 1966 y sus efectos en la democracia dominicana, en un debate que no se limita a la memoria histórica, sino a la calidad de las reglas que sostienen la vida institucional.
Durante el encuentro se repasaron denuncias de persecución, violencia y fraude asociadas a ese proceso electoral, elementos que todavía influyen en la discusión pública sobre legitimidad, confianza institucional y competencia política.
El punto de fondo no es solo qué ocurrió en 1966, sino cómo esos hechos siguen siendo leídos como una advertencia sobre la necesidad de que las reglas sean iguales para todos y de que ningún proceso político se defina bajo condiciones que comprometan la credibilidad democrática.
La conversación colocó nuevamente sobre la mesa un tema que trasciende la fecha y el acto académico: la obligación de revisar los episodios en que el interés institucional quedó subordinado a prácticas que erosionan la confianza ciudadana.
En ese sentido, el coloquio se inscribe en un debate más amplio sobre memoria, democracia y control de poder, con un mensaje que conserva vigencia: cuando las reglas no se aplican de forma pareja, la democracia pierde consistencia y la desconfianza se instala como parte del sistema.
