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La otra República Dominicana que exhibe Las Lilas

julio 1, 2026 · Redactor
La otra República Dominicana que exhibe Las Lilas
Foto: hoy.com.do

Las cifras macroeconómicas conviven con barrios como Las Lilas, donde el costo social de un modelo que acumula arriba sigue dejando a miles a la espera de respuestas del poder.

La imagen de doña Rosa, acostada en una cama maltrecha en Las Lilas, con el río Ozama metiéndose en su casa cada vez que llueve, desarma el relato complaciente sobre un país que avanza. “Senador, aquí llueve adentro y escampa afuera”, dice ella, sin pensión, sin seguro médico y sin medicamentos para el dolor. Ese contraste entre discurso y realidad es el dato político de fondo: mientras se celebran crecimiento, turismo, remesas e inversiones, una parte del país sigue atrapada en la intemperie social.

El cuadro que describe el texto deja al descubierto una falla de modelo que demanda fiscalización y rendición de cuentas. Si el 1 % de mayores ingresos recibe el 30.5 % del ingreso bruto nacional, y si en los períodos de mayor crecimiento la desigualdad se amplía, entonces no alcanza con repetir indicadores favorables. El problema no es solo cuánto crece la economía, sino para quién está creciendo y por qué el resultado visible sigue siendo exclusión en los territorios más vulnerables.

La precariedad laboral refuerza esa advertencia. De cada diez empleos nuevos en el sector privado, solo cuatro son formales; los demás carecen de seguridad social, estabilidad y derechos. Ese patrón confirma el desgaste de una gestión pública que administra cifras, pero no corrige el costo social de un esquema que, como plantea el artículo, privilegia el capital por encima de la inversión en la gente. En ese escenario, la sociedad civil y el Congreso quedan emplazados a vigilar qué se hace con el crecimiento que se anuncia y por qué no se traduce en protección efectiva para quienes más lo necesitan.

Por eso, la discusión no puede quedarse en propaganda económica ni en la política-espectáculo que distrae del problema de Estado. Tampoco en eventuales salidas fiscales o reformas que terminen cargando más peso sobre la población sin corregir la desigualdad de origen. Lo que describe esta pieza es una advertencia institucional: cuando el poder presume resultados, pero en los barrios “llueve adentro”, lo que corresponde no es aplauso, sino explicaciones, prioridades claras y un modelo de país que deje de crecer solo para los que ya tienen.