República Dominicana sigue arrastrando una brecha elemental en saneamiento que contradice cualquier lectura optimista sobre la infraestructura: el 6.7% de los hogares, alrededor de 223 mil, todavía utiliza letrinas como servicio sanitario, de acuerdo con el informe ENHOGAR-MICS 2025. Aunque el 91% de los hogares, cerca de 2.9 millones, cuenta con inodoro, la dimensión del rezago obliga a mirar lo que permanece sin resolver y el costo social de esa desigualdad.
La mayor carga recae fuera de los centros urbanos. En las zonas rurales, el 16.7% de los hogares —aproximadamente 106 mil— depende de letrinas, frente al 2.9% en áreas urbanas, unos 34 mil. La diferencia refleja una realidad que exige vigilancia sobre la capacidad del Estado para llevar servicios esenciales allí donde más falta hacen, en vez de aceptar como normal que miles de familias sigan en condiciones precarias.
Las brechas regionales profundizan la advertencia institucional. En Enriquillo, el 27.1% de los hogares —unos 18 mil— usa letrinas; en Cibao Noroeste, el 24.7% —aproximadamente 22 mil—; y en El Valle, el 16.7% —cerca de 9 mil—. También figuran Cibao Nordeste, con 7.5% —unos 14 mil—, y Valdesia, con 8.4% —unos 12 mil—. En contraste, la región Ozama o Metropolitana registra apenas 0.6%, cerca de 6 mil, una distancia que hace más visible el contraste entre el discurso de progreso y la realidad de amplias zonas del país.
El propio informe señala además que una parte importante de esas letrinas no es mejorada y carece de condiciones mínimas de higiene y seguridad, lo que eleva el riesgo de enfermedades gastrointestinales y parasitarias. El dato no solo describe una carencia: también deja al descubierto una responsabilidad pública pendiente y confirma que el saneamiento básico sigue siendo una deuda sin maquillaje estadístico ni indiferencia institucional.
