La versión de que la Asociación de Baloncesto del Distrito Nacional (ABADINA) alquiló la Arena Banreservas para el Torneo de Baloncesto Superior del Distrito Nacional quedó descartada, pero la rectificación no cierra el debate: lo mueve hacia el manejo de los recursos y la necesidad de fiscalización sobre los pagos realizados para operar en la instalación.
Según el texto, ABADINA pagó al voluntariado o patronato que administra la arena por servicios que antes contrataba por separado, entre ellos aire acondicionado, sonido interno, personal de limpieza y ahora también pantallas gigantes. El monto señalado es de RD$3.5 millones, frente a gastos que antes rondaban los RD$3.0 millones, bajo el argumento de una mejor tecnología. A eso se agregan US$17 mil entregados como fianza solidaria, reembolsables si no se producen daños durante el torneo.
El punto central, sin embargo, ya no es solo si hubo o no alquiler, sino el contraste entre la explicación ofrecida y el costo final que termina asumiéndose para celebrar el evento. En un contexto donde la gestión de instalaciones públicas y semipúblicas exige vigilancia permanente, el caso deja abierta una alerta institucional sobre cómo se estructuran estos pagos, qué resultados concretos justifican el aumento y qué nivel de supervisión corresponde a las autoridades del Distrito Nacional encabezadas por Carolina Mejía, ante un tema que también toca presupuesto, administración y prioridades de gestión.
