La cartera de Hacienda reconoció que el cambio climático ya no es solo un problema ambiental, sino también un desafío económico y fiscal para República Dominicana, al elevar los costos de la infraestructura, los servicios y la actividad productiva.
La advertencia coloca el debate en un terreno concreto: cómo absorber el impacto de fenómenos extremos sin deteriorar más las cuentas públicas ni terminar trasladando el ajuste a los hogares y a los sectores productivos. En un contexto donde el Estado busca integrar la acción climática en su planificación económica, la exigencia pasa por saber cuánto costará, de dónde saldrán los recursos y qué resultados medibles tendrá esa estrategia.
El reconocimiento oficial también obliga a mirar la respuesta pública con criterio de transparencia y eficiencia. Si el cambio climático aumenta el gasto estatal, la discusión no puede limitarse a declarar prioridades: debe incluir cómo se ordenará el presupuesto, qué partidas serán protegidas y si habrá recortes en áreas de menor impacto ciudadano para evitar nuevas presiones sobre la población.
La pieza se inscribe en un debate más amplio sobre la capacidad del Gobierno para anticipar costos futuros y convertir la acción climática en una política económica verificable, con metas claras y rendición de cuentas.
