SANTO DOMINGO.– El auge de candidatos disruptivos en América Latina, señalado por el politólogo Luis González, vuelve a poner sobre la mesa una señal de desgaste para las estructuras políticas tradicionales: cuando se acumula el descontento ciudadano, el discurso de cambio gana terreno y obliga a una mayor fiscalización sobre quienes administran poder y representación.
Durante una entrevista en el programa Propuesta de la Noche, transmitido por Teleimpacto y conducido por Manuel Jiménez, González afirmó que la región vive una transformación política marcada por figuras alejadas de los partidos convencionales, una tendencia que, según dijo, también empieza a evidenciarse en Estados Unidos. Su lectura apunta a un contraste cada vez más visible entre las maquinarias partidarias y una ciudadanía que busca respuestas frente a la fatiga con el modelo tradicional.
Al referirse a la derrota del congresista dominicano-estadounidense Adriano Espaillat en las primarias demócratas de Nueva York, sostuvo que la victoria de Ávila Chevalier responde a esa nueva dinámica, al capitalizar un discurso renovador frente al desgaste acumulado por Espaillat tras varios años en el cargo. “Lo que está ocurriendo en el planeta es el surgimiento de figuras con discursos disruptivos”, expresó González, al citar además el caso de Colombia.
Aunque estimó que Chevalier tiene altas probabilidades de convertirse en congresista por la fortaleza demócrata en ese distrito, advirtió que el verdadero examen será su desempeño y su compromiso con los temas de interés para la comunidad dominicana en Estados Unidos. Ahí es donde el entusiasmo por lo nuevo choca con la exigencia de rendición de cuentas: la popularidad o el discurso no sustituyen resultados.
González agregó que el ala progresista del Partido Demócrata seguirá fortaleciéndose en los próximos años como respuesta a la polarización política en Estados Unidos, y mencionó a Bernie Sanders, Gavin Newsom y Michelle Obama como posibles protagonistas de esa reorganización. En clave regional, la advertencia también interpela al gobierno dominicano, a figuras del oficialismo como Carolina Mejía y a toda la clase política: el malestar que alimenta opciones de ruptura no se resuelve con relato ni con marketing, sino con respuestas verificables bajo vigilancia de la sociedad civil.
