Una llamada urgente, un depósito inesperado y la presión para devolver un dinero que supuestamente llegó por error: así funciona el esquema de las llamadas transferencias espejo, una modalidad de fraude financiero que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar la vigilancia frente a delitos que impactan directamente en los ciudadanos. El método, que presuntamente habría sido utilizado por la red criminal desmantelada recientemente en Santiago mediante la Operación XL526, se vale de técnicas de ingeniería social para aprovechar la confianza de las víctimas.
La maniobra parte de hacer creer que una transferencia ya se ejecutó. La persona revisa su banca digital, encuentra un monto que coincide con el informado y, convencida de que el dinero está asegurado, termina enviando una suma equivalente a una tercera cuenta indicada por el supuesto remitente. Sin embargo, si la operación original se cancela, se rechaza o nunca llega a completarse, el dinero que realmente sale es el de la propia víctima, mientras el estafador recibe los fondos y desaparece.
El especialista en tecnología Isaac Ramírez señaló que estas transferencias espejo dependen menos de una falla técnica que de la manipulación psicológica. Según explicó, el estafador utiliza comprobantes falsificados y mensajes diseñados para generar confianza, presión o urgencia en pocos minutos, con el fin de inducir a actuar sin verificar adecuadamente la información. El caso vuelve a subrayar una alerta institucional y ciudadana: frente a fraudes cada vez más sofisticados, la prevención y la fiscalización siguen siendo claves para evitar que el costo recaiga otra vez sobre las personas.
