Donald Trump puso fin este lunes a su campaña para las elecciones de medio mandato con un discurso centrado en defender las remodelaciones y obras que impulsa en Washington, justo cuando el Partido Republicano llega a la jornada con el reto de conservar el control del Congreso en medio del descontento por el costo de la vida. Para ello eligió como escenario el estanque reflectante del Monumento a Abraham Lincoln, cuya restauración sigue rodeada de polémica por los sobrecostos y los fallos registrados tras su reapertura.
Desde allí, Trump respaldó las transformaciones que promueve para convertir la capital en un espacio «bello y seguro de nuevo», pese a las críticas por el tiempo y los recursos dedicados a edificios y áreas públicas. «A pesar de todo, el estanque reflectante está mejor de lo que ha estado nunca. Es una obra de arte», dijo el presidente, que incluso llegó a bromear con ponerle su nombre.
La distancia entre el mensaje y los resultados volvió a quedar a la vista: la restauración terminó costando diez veces más de lo presupuestado y, después de reabrir, mostró un problema de proliferación de algas que la Casa Blanca atribuyó, sin aportar pruebas, a un supuesto sabotaje. Así, unos comicios en los que Trump no aparece en la boleta se han convertido en una evaluación directa de su gestión, marcada además por las preocupaciones sobre el encarecimiento de la vida, los precios de los combustibles, la guerra con Irán y las controversias por la política migratoria y las deportaciones.
