Buenos Aires amaneció este domingo volcada en la final que Argentina disputa ante España en las afueras de Nueva York, con Lionel Messi como figura omnipresente entre tatuajes, murales y carteles. La escena se extendió por bares, calles, plazas y viviendas, y dejó ver tanto la dimensión del entusiasmo como su efecto inmediato sobre la rutina urbana.
Ya desde primera hora faltaban autobuses y muchos comercios que suelen abrir los domingos optaron por bajar las persianas al mediodía para que sus empleados pudieran volver a casa a ver el partido. En ese ambiente, Luis de la Peña, un argentino residente en Paraguay que viajó desde Asunción, resumió así la jornada: «La emoción de llegar de nuevo a una final es espectacular. Y si se pierde, igual se disfruta: ¡de 48 selecciones llegaron sólo dos!».
En distintos puntos de la capital, la celebración también se mezcló con lecturas políticas y simbólicas. Juan Ignacio Brizzio señaló que, después del título en Catar en 2022, «ahora todo lo que se gana es extra», mientras otros subrayaban el valor emocional de haber vencido a Inglaterra en semifinales por la carga histórica asociada a las islas Malvinas. En la plaza del Obelisco, entre banderas argentinas, peruanas y venezolanas, varios asistentes lamentaron además una «campaña antiargentina» en redes sociales, en una jornada que mostró cómo un acontecimiento deportivo puede concentrar la atención pública y apartar, al menos por unas horas, el pulso habitual de la ciudad.
