LONDRES.– Keir Starmer abandonó este lunes el cargo de primer ministro británico con un discurso de cierre en el que defendió su gestión, pero su salida quedó determinada por un dato político decisivo: había anunciado su dimisión el 22 de junio tras perder el respaldo de su grupo parlamentario. Antes de presentar formalmente su renuncia al rey Carlos III en el Palacio de Buckingham, el líder laborista afirmó frente al 10 de Downing Street que su trabajo «ha terminado» y que servir como primer ministro fue «el privilegio» de su vida.
En su balance final, Starmer sostuvo que deja un país «más fuerte y más justo» que cuando llegó al poder. También dijo que la economía británica es más sólida, que los servicios públicos han mejorado, que miles de niños han salido de la pobreza, que la inmigración ha disminuido y que la reputación internacional del Reino Unido se fortaleció con las políticas de su Gobierno. Pese a ese repaso, el cierre de su mandato bajo presión interna deja un contraste entre el relato de logros y el desgaste político que precipitó su salida.
Además, Starmer advirtió sobre un escenario internacional complejo y señaló que «nuestros enemigos no se detendrán ante nada para dividirnos por nuestros valores», al reiterar el apoyo del Reino Unido a Ucrania frente a la invasión rusa. Después de recibir el aplauso de ministros y empleados de Downing Street, subió al vehículo oficial rumbo a Buckingham para formalizar su renuncia. Será reemplazado por Andy Burnham, proclamado el viernes como líder del Partido Laborista, a quien prometió brindar su «apoyo total».
