A 47 años del paso del huracán David, más de 200 familias continúan viviendo en Los Barracones, en Los Alcarrizos, entre insalubridad, falta de agua potable, un sistema sanitario colapsado y viviendas de madera carcomida, con techos de zinc oxidados y perforados que permiten que la lluvia entre a las casas. El cuadro retrata una precariedad prolongada que, lejos de cerrarse con el tiempo, sigue afectando a generaciones enteras.
Desde el 31 de agosto de 1979, las secuelas de David y Federico permanecen visibles en el lugar. En esos barracones ya han nacido tres generaciones, en medio de pobreza, enfermedades, muertes y, según los testimonios recogidos, desilusiones por engaños y abandono. Ana Núñez, de 85 años, relató que llegó al Invi de Los Barracones junto a su madre y sus 12 hijos desde Los Guandules, y que durante la pandemia del Covid-19 un incendio destruyó el barracón donde vivía, por lo que tuvo que sostenerse con la ayuda de vecinos hasta poder rehacerse.
La situación también deja preguntas sobre la asignación de soluciones habitacionales. Aunque cerca del lugar el gobierno construyó apartamentos supuestamente para damnificados de David, Núñez aseguró que no fue favorecida pese a estar en la lista de beneficiarios y que fue sacada para dar paso a otra persona. Aun así, mantiene la esperanza de recibir ayuda, al igual que 120 familias que, según el reporte, viven en extrema pobreza en la zona. Juan Lebrón, que llegó allí cuando tenía 5 años, tampoco recibió uno de los apartamentos levantados para los damnificados, en un contraste que reabre la exigencia de fiscalización y rendición de cuentas sobre una crisis social que sigue sin respuesta efectiva.
