En ayuntamientos de toda España se guardó este miércoles un minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario, en una jornada atravesada por la conmoción en Urda, donde se produjo la tragedia, y en Sevilla, destino de los trenes siniestrados. Los homenajes terminaron entre aplausos, al tiempo que en la zona del choque seguían las tareas de localización y rescate.
De acuerdo con el Gobierno español, un tren Iryo con 147 pasajeros, entre ellos un bebé, fue embestido por un tren de alta velocidad AVE que llevaba 378 personas, lo que hizo que varios vagones cayeran por un terraplén. El saldo provisional eleva a al menos 68 los muertos y a más de un centenar los heridos; 56 ya recibieron el alta y 53 continuaban ingresados en hospitales.
La Guardia Civil proseguirá durante la noche los trabajos en el área del accidente ante la posibilidad de que aún haya víctimas dentro de los vagones. A la vez, la Federación Española de Municipios y Provincias pidió a los ayuntamientos que rindieran homenaje a los afectados. La magnitud del desastre reactivó la sensibilidad en ciudades marcadas por tragedias ferroviarias anteriores, como Santiago de Compostela y Adamuz, y volvió a situar en primer plano la exigencia de vigilancia institucional y de explicaciones ante una emergencia de enorme coste humano.
