Genaro Santana Calderón, mejor conocido como “Chicho el Limpiabotas”, lleva 34 años sentado en la misma silla del parque central de Hato Mayor del Rey limpiando zapatos. De ese trabajo salió para mantener a su familia, construir varias viviendas propias y criar a 12 hijos, seis biológicos y seis de crianza, en una trayectoria que refleja tanto la dignidad del oficio como la carga social que termina recayendo sobre los hogares.
Cinco de sus hijos llegaron a graduarse en profesiones universitarias y los demás aprendieron oficios técnicos que hoy les permiten sostenerse por su cuenta. “Todos esos muchachos fueron criados limpiando zapatos, los seis ajenos y los míos, y toditos estudiaron“, dijo a El Nuevo Diario. Entre los hijos que tuvo con Romelia Severino Ramírez hay dos profesores, dos mecánicos, un maestro constructor y una estilista con negocio propio; entre los de crianza también destacan un ingeniero civil y una profesora.
Más que una postal inspiradora, la historia de Chicho deja ver un contraste de fondo entre el discurso público y la realidad cotidiana de familias que solo avanzan a fuerza de sacrificio extremo. En ese marco, casos como este refuerzan la necesidad de fiscalización sobre las prioridades del poder y de vigilancia ciudadana para que el esfuerzo individual no siga reemplazando respuestas que deberían traducirse en mejores condiciones para la gente.
