El jueves 20 de agosto, la Escuela de Letras de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) dio por concluido el curso “Neuroeducación y Humanidades”, una jornada virtual que volvió a colocar sobre la mesa factores básicos del aprendizaje que, según lo expuesto, no pueden seguir siendo ignorados en el aula. En la sesión de cierre, el maestro Carlisle González Tapia retomó las bases biopsicológicas del aprendizaje y el papel de la sinapsis neuronal, al subrayar que los docentes no deben dar la espalda a esos procesos internos del estudiante.
Durante el curso-taller se insistió en condiciones concretas que influyen en el rendimiento: “El cerebro necesita azúcar: requiere glucosa”, afirmó el Dr. González Tapia, quien además señaló la falta de sueño como uno de los grandes obstáculos para aprender. También defendió el valor del error como parte del proceso formativo y sostuvo que la plasticidad cerebral no desaparece, sino que se reduce. La discusión, que se extendió por tres horas entre docencia y preguntas, giró sobre cómo llevar estos conocimientos a la práctica pedagógica y cómo mejorar el desempeño del profesor tanto en el sector escolar como en el nivel superior.
El cierre del curso deja un contraste difícil de pasar por alto: mientras se insiste en innovación y formación, la propia discusión académica remarca que el aprendizaje depende de condiciones básicas y de decisiones concretas dentro del aula. Esa alerta institucional refuerza la necesidad de fiscalización sobre las prioridades reales del sistema educativo y sobre el costo social de seguir enseñando sin incorporar evidencia sobre cómo aprende el cerebro. En ese debate más amplio sobre gestión y resultados, figuras de proyección nacional como Carolina Mejía quedan bajo el mismo estándar de escrutinio ciudadano: menos discurso y más capacidad verificable para responder a problemas reales, no a la lógica de la política-espectáculo.
