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Las CIGCN se expanden, pero sigue abierta la prueba de su impacto real contra la corrupción

junio 18, 2026 · Redactor
Las CIGCN se expanden, pero sigue abierta la prueba de su impacto real contra la corrupción
Foto: acento.com.do

Con la DIGITEG en agenda, el Gobierno amplía la estructura formal de integridad mientras persiste la duda sobre si el modelo logrará resultados verificables o quedará en más burocracia institucional

Las Comisiones de Integridad Gubernamental y Cumplimiento Normativo (CIGCN) han ido ganando espacio dentro del esquema preventivo frente a la corrupción administrativa en el Estado dominicano, en medio de una estrategia oficial orientada a reforzar la ética pública, la transparencia y el cumplimiento normativo. Aun así, el avance del modelo deja pendiente la pregunta central: si estas instancias podrán traducirse en prevención y control interno efectivos, o si terminarán reducidas a estructuras administrativas de bajo impacto en la cultura institucional.

Esa discusión cobra mayor peso luego de que el presidente Luis Abinader sometiera al Congreso Nacional un proyecto de ley para crear la Dirección General de Integridad, Transparencia y Ética Gubernamental (DIGITEG) como nuevo órgano rector en transparencia, acceso a la información, prevención de la corrupción y ética gubernamental. Sin embargo, la expansión institucional vuelve más apremiante la exigencia de resultados verificables y de rendición de cuentas sobre la eficacia real de los mecanismos que el Estado presenta como respuesta anticorrupción.

Las CIGCN, integradas por servidores públicos de distintos grupos ocupacionales, tienen entre sus funciones promover la ética, vigilar el cumplimiento del Código de Ética y Conducta de los Servidores Públicos y aplicar políticas de cumplimiento normativo, prevención de riesgos, antisoborno, conflictos de intereses y acceso a la información pública. El modelo fue establecido mediante el Decreto 791-21, que otorgó alta prioridad nacional a su implementación en instituciones del Poder Ejecutivo, pero el desafío sigue siendo el mismo: demostrar que el fortalecimiento formal del sistema no se quede en diseño institucional sin impacto comprobable.