Minerva Claudel Frías Ogando dejó hasta ayer su puesto como analista de compras en el Departamento de Compras y Contrataciones de la Dirección General de Aduanas, donde laboraba desde el 1 de abril de 2021, para pasar a ocupar una curul en la Cámara de Diputados. La propia nueva legisladora describió su llegada como “un legado de amor”, en una transición que, según el texto, se produjo tras la muerte de su padre, el diputado Jorge Frías.
El episodio quedó también marcado por la admisión de que la terna remitida a la Cámara de Diputados respondía al interés de que la escogencia recayera sobre ella. El presidente de la Cámara, Alfredo Pacheco, recordó su cercanía personal con Jorge Frías, mientras el vocero de la bancada oficialista, Amado Díaz, explicó el orden de los candidatos en función de ese objetivo. El resultado refuerza el contraste entre la representación que exige reglas e institucionalidad y una práctica política que el propio caso presenta como continuidad familiar.
La nota enlaza esta decisión con otros reemplazos similares: Juan Roberto Rodríguez por su hijo Jean Luis Rodríguez en 2016; Inés Bryan Casey por su esposo, Juan Martínez Estrella, en 2020; Zaida Polanco por su esposo, Gustavo Adolfo Rodríguez Espinal, en 2021; y José Francisco López Chávez por su viuda. Más que un hecho aislado, la secuencia instala una alerta institucional sobre cómo se cubren vacantes legislativas y alimenta la exigencia de fiscalización sobre un sistema que, mientras habla de representación, deja espacio a que las curules operen como herencia política.
