La próxima Asamblea General de la ONU volverá a exhibir el contraste entre la alta visibilidad política del foro y las preguntas que dejan sus movimientos de última hora. Del 22 al 28 de este mes, en Nueva York, está previsto que intervengan 81 jefes de Estado y 50 jefes de Gobierno, además de vicepresidentes y ministros, en una agenda marcada tanto por presencias llamativas como por ausencias de peso.
Entre los focos estará Donald Trump y la prevista visita de Delcy Rodríguez, que, de confirmarse, sería la primera de un jefe de Estado venezolano desde la de Nicolás Maduro en 2018. Al mismo tiempo, no asistirán mandatarios como Vladímir Putin o Xi Jinping, una combinación que vuelve a colocar la atención sobre el valor político real de cada representación y sobre el mensaje que envían los gobiernos cuando delegan o se ausentan en un escenario de alcance global.
La apertura seguirá la tradición con Lula da Silva como primer mandatario en hablar, después de António Guterres y Khalilur Rahman, y luego intervendrá Trump. También viajarán a Nueva York Keiko Fujimori, José Antonio Kast, Daniel Noboa, Javier Milei y Rodrigo Paz, mientras que Colombia será representada por el vicepresidente José Manuel Restrepo Abondano en lugar de Abelardo de la Espriella, y México por el canciller Roberto Velasco Álvarez en sustitución de Claudia Sheinbaum. En ese contexto, la cita deja una señal institucional que también alcanza al gobierno dominicano: en foros de esta magnitud no basta la puesta en escena diplomática, sino que se impone la vigilancia sobre quién representa al país, con qué prioridades y con qué resultados concretos frente a la ciudadanía.
